La razón por la que los neumáticos son negros: El «error» que multiplicó por 100 la vida de tu coche

Si pudieras volver a 1910, verías que los Ford Model T y los primeros carruajes motorizados lucían neumáticos de un totalmente blanco o un gris muy claro. Esto se debe a que el caucho en su forma natural es blanquecino. Sin embargo, si intentaras conducir hoy con neumáticos blancos, no durarías ni un viaje de Madrid a Barcelona.

I El gran secreto del «Negro de Humo»

A principios del siglo XX, los neumáticos blancos tenían un problema muy grave: eran extremadamente blandos, se agrietaban por los rayos UV del sol y en menos de 3.000 kilómetros ya se habían gastado. En 1912, la empresa B.F. Goodrich decidió experimentar añadiendo negro de humo (un derivado del carbón y el petróleo) a la mezcla de caucho.

La intención inicial era la estética: querían que los neumáticos no se vieran tan sucios tras rodar por los caminos de tierra y barro de aquel entonces. Pero al hacerlo, descubrieron un milagro: el negro de humo hacía que el neumático fuera diez veces más resistente a la abrasión y dispersaba el calor de forma mucho más eficiente que el blanco. Además, actuaba como un filtro para el sol, evitando que la luz ultravioleta rompiese las moléculas del caucho. Sin ese componente negro, los neumáticos de hoy en día se derretirían o se desintegrarían en cuestión de días.

I La moda de la banda blanca

¿Y por qué aparecieron los neumáticos con solo una raya blanca lateral, como en el 600? Fue simplemente por ahorro. Como el negro era caro en sus inicios, los fabricantes solo lo ponían en la banda de rodadura (la parte que toca el suelo) para así ahorrar costes. Los laterales se dejaban blancos porque no sufrían tanto desgaste. Curiosamente, lo que empezó como una solución barata acabó convirtiéndose en un símbolo de estatus y elegancia en aquel entonces.

A día de hoy, aunque tengamos polímeros capaces de crear neumáticos de cualquier color (como gomas rojas que Michelin ha probado en prototipos), seguimos usándolos negros porque el consumidor asocia el color oscuro con la durabilidad y porque, químicamente, sigue siendo la mejor forma de proteger el neumático del calor extremo que disipan los frenos y del sol.