La «Guerra del Pollo»: Cómo una disputa por carne congelada en 1963 nos obligó a amar las Pick-up

Probablemente la curiosidad económica más rara de la historia del automóvil y sigue vigente a día de hoy. Se llama el Chicken Tax (Impuesto del Pollo) y es la principal razón por la que el mercado americano está lleno de pick-up’s.

I El origen: Pollos vs. Volkswagen

A principios de los años 60, los granjeros estadounidenses industrializaron la producción de pollo, llenando Europa con carne barata. Los granjeros alemanes y franceses, incapaces de poder competir, protestaron. Por lo que Europa respondió aplicando aranceles brutales al pollo proveniente de estadosunidos.

El presidente Lyndon B. Johnson quiso devolver el golpe. Buscó productos europeos que fueran populares en EE.UU. para ponerles un arancel del 25%. En la lista entraron: el almidón de patata, la dextrina, el aguardiente francés… y los camiones ligeros (golpe directo a Volkswagen).

En aquel momento, la VW Type 2 (la famosa furgoneta hippie) se vendía en versiones de carga y pickup, y estaba empezando a hacerle la competencia a Ford y GM. Sin embargo, el arancel del 25% destrozó a la competencia extranjera en el sector de vehículos de trabajo. Mientras que un coche normal tenía un arancel del 2,5%, una furgoneta de carga o pickup tenía (y sigue teniendo) un 25% .

I Las trampas más ingeniosas de la historia

Para saltarse este impuesto, las marcas hicieron locuras que rozan lo absurdo, pero que son 100% reales:

1. El Subaru BRAT: En los años 80, Subaru quería vender su pequeña pickup en EE.UU. Para evitar que fuera clasificada como «camión ligero» (y pagar el 25%), implantaron dos asientos de plástico mirando hacia atrás en la caja de carga, al aire libre. Con esos asientos, la aduana lo clasificaba como «vehículo de pasajeros» pagando así el arancel del 2,5%. Una vez vendido, los dueños solían arrancar esos asientos.

2. El truco de Ford con la Transit Connect: Hasta hace muy poco, Ford fabricaba sus furgonetas Transit Connect en Turquía. Para evitar el impuesto al importarlas a EE.UU, las enviaban con asientos traseros y cinturones de seguridad instalados, como si fueran monovolúmenes. En cuanto llegaban al puerto de Baltimore y pasaban la aduana, las llevaban a un almacén donde arrancaban los asientos traseros y los trituraban para convertir la furgoneta de nuevo en un vehículo de carga. Ford calculó que era más barato fabricar, instalar y luego destruir asientos nuevos que pagar el impuesto del pollo.

I El legado actual

Hoy en día, el «Chicken Tax» sigue protegiendo a los fabricantes estadounidenses (Ford, GM, Stellantis/Ram). Como los competidores extranjeros (Toyota, Nissan, VW) tienen que fabricar sus pickups dentro de EE.UU. para evitar el arancel, no pueden inundar el mercado con modelos baratos importados de Asia o Europa. El resultado es que las pickups son artificialmente rentables, lo que explica por qué las marcas americanas han abandonado casi todos los coches normales para centrarse exclusivamente en vender estos gigantes de acero. Todo, por culpa de unos pollos congelados de 1963.